EXPEDICIÓN 2014 - TLANEXILOTL

MÉXICO, E. DE PUEBLA, SIERRA NEGRA

 

Fotos Expe Olbastl Tlanexilotl La Bailarina y el espeleo    
         

 

 

Expedición Tlanexilotl 2014

 

Ella está en el horizonte.  Me acerco dos pasos,  ella se aleja dos pasos.  Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.  ¿Para qué sirve la utopía?  Para eso sirve: para caminar.Eduardo Galeano.

¿Cuánto se puede desear una cosa? ¿Cuánto se puede luchar por algo? ¿Cuánto se puede esperar por una cueva?Como estrella que espera la noche para brillar, como enamorado que anhela ver a la persona amada, como explorador que se pregunta qué hay más allá. Así hemos esperado 355 días bajar al fondo del "gran pozo" en Olbastl Tlanexilotl (Sótano de las Ventanas). La expedición del año pasado paró a 285 metros de profundidad al borde de un pozo de unos 100 metros, cansados y en los últimos días de la exploración no bajamos más y así hemos tenido que esperar todo este año para saber que hay allá abajo. 


Después de dos días de compras y empaquetado en Tehuacán, el jueves 27 de marzo, subimos a la Sierra Negra siete expedicionarios para encontrarnos con la misma historia de siempre:el que rentó la camioneta quería más dinero de lo establecido, las autoridades de Ocotempa querían "un apoyo económico" (que nos negamos a dar), los muleros o querían más dinero de lo acostumbrado o no respetaron lo que acordamos y a la hora del pago también querían más dinero, los dueños de los predios donde acampamos querían dinero (que al final arreglamos con cuerda usada). Pareciera que este año la codicia o la avaricia, oh perdón, quise decir,necesidad de la gente es mayor que de costumbre. Es una pena que nos vean más con signo de pesos que como personas.

Después de tres días ajetreados entre compras, viaje, negociaciones y permisos llegó un poco la calma y el viernes nos dedicamos, los siete espeleístas, a montar el campamento base en el mismo lugar de los años pasados, situado a 2300 msnm en medio de un hermoso bosque que poco a poco es devorado por los taladores. Construimos la cocina, el comedor, la bodega, la letrina y muy importante, la sección de energía solar ya que hoy día pareciera que nuestra dependencia a la "modernidad" es más fuerte que nunca: que si cargar la lámpara del casco o las baterías de los taladros, que si el reproductor de música o el teléfono, que si los radios o el disto o la palm, en fin, todos los juguetes, digo, implementos del explorador necesarios para campaña.


Una vez instalados, el sábado subimos cinco de nosotros hasta la boca de Tlanexilotl para llevar material colectivo y montar un vivac austero, claro que el viaje no es sencillo: hay que caminar tres o cuatro horas entre el calor abrazador, hay que andar seis kilómetros de distancia por un lapiaz donde todas las rocas se mueven y por sí fuera poco, muchas de las plantas tienen espinas pero aun así subimos a la cueva porque al fin y al cabo nadie dijo que sería fácil explorar una cavidad interesante.

Cada uno subió con unos 10 kilos a cuestas. Montamos un sistemita para la recolección de agua ya que por allá no hay gota del preciado líquido y antes de bajar también probamos el sistema de radiocomunicación. 

Para el domingo todos estábamos listos para volver a subir pero el mal tiempo entró en la madrugada trayendo bastante lluvia y por esto nadie salió. Lo bueno es que pusimos a prueba el sistema de recolección de lluvia del vivac que funcionó muy bien. También pudimos colectar unos 150 litros de lluvia en el campamento base y se recargó el ojito de agua donde nos abastecemos.


El lunes llegó con una mañana soleada y seis del equipo subieron hasta la cueva para seguir porteando equipo. Alan y Tabernerentraron a Tlanexilotl para reinstalar las cuerdas que habíamos dejado el año pasado fuera de la corriente del agua. Los otros cuatro regresaron al campo base.


En la mañana del martes tratamos de comunicarnos con los del vivac pero algo salió mal y no pudimos, así que nos dispusimos a subir Andreas y yo para continuar con la instalación de la cuerda. En el camino nos encontramos a los dos que bajaban. Alan nos dijo que reinstalaron hasta -285, que salieron a las tres de la madrugada y que el pozo grande nos estaba esperando. Un sentimiento de euforia y temor nos invadió ¿a qué explorador no emociona y hace temblar 100 metros de oscuridad y vacío? 

355 días de espera para ver que había abajo y por fin había llegado el día. Andreas y yo iniciamos la bajada; un pozo de 40, una ventana y la luz del exterior disminuyó. Un pozo de 10, travesía y otra ventana y la oscuridad perpetua los envolvió. Pozo de 30, una gatera, pozo de 25, otra ventana y llegamos a los pasos estrechos.

Dos pozos de 10 y la primera restricción, después dos desescaladas de unos seis metros y llegamos al paso estrecho –colocas tú cabo largo a la cuerda y te deslizas por el estrecho–  le dije a Andreas y continué diciéndole –te aseguras bien porque saliendo hay un pozo de 40 metros– lo pasamos con algunos pujidos, nos colgamos en la cuerda y seguimos bajando.

Algunos pozos más y llegamos al 50, nos deslizamos por el segundo estrecho, un pozo más y llegamos al "gran pozo". Preparamos el equipo, Andreas se quedó arriba y yo me dispuse a instalar la cuerda. Bajé 40 metros instalando los tres anclajes del año pasado y llegué al último punto topográfico. Ahí coloqué un doble anclaje, bajé otros seis metros, puse otro anclaje y de ahí la cuerda caía libre unos 40 metros. Los bajé con mucho cuidado fascinado y emocionado, cuando llevaba unos 30 metros vi una gran ventana lejos de donde yo colgaba, como estaba retirada mejor decidí seguir bajando hasta el fondo del pozo.

Una vez abajo, le grité al compañero que la cuerda estaba libre y que ya podía bajar. En lo que llegaba revisé los posibles caminos, desescalé tres metros por donde se iba el agua pero estaba cerrado así que busqué por otro lado y encontré un meandro estrecho que seguía, me deslicé y volví a desescalar tres metros y tuve que parar al borde de otro pozo de seis metros por que no tenía cuerda.

Después de un rato me di cuenta que Andreas no había llegado y entonces regresé a la base del gran pozo y le volví a gritar, él me contestó pero por la acústica y la lejanía no le entendí, entonces me dispuse a subir. Cuando lo encontré arriba me dijo que no entendió que la cuerda estaba libre y por esto no bajó. Cansados y con frío decidimos regresar a la superficie. Ya en el vivac con ropa seca cenamos y descansamos alegres de no tener que caminar tres horas hasta el campamento base.

A día siguiente (miércoles), hicimos radioconexión con los del campamento base para contarles lo sucedido. Con esto, se dispusieron a subir Irina, Tirado y Jabipara continuar con la exploración. Ya en el camino nos los encontramos, intercambiamos información y cada grupo siguió a su destino.

El jueves el grupo de arriba nos adelantó vía radio que su jornada fue dura: hicieron la topografía y como dato preliminar el “gran pozo”tenía 110 metros y en total mapearon unos 99 metros llegando a los casi 400 de profundidad. Pararon en un meandro estrecho y no tuvieron tiempo de ver la ventana.

Así que a las ocho de la mañana salieron Alan, Taberner y Chibebo para continuar la exploración. Cuando llegaronal conducto que había dejado el grupo anterior,por más que quisieron pasar, no pudieron.El camino se había cerrado, entonces regresaron revisando minuciosamente y para suerte de todos encontraron una ventana, Alan se deslizó por ella para ver que sí seguía. Lo alcanzaron los otros dos, colocaron un par de travesías y llegaron al borde de un pozo de unos 40 metros. El primero bajó pero se le acabó la cuerda y los mosquetones a mitad del pozo, entonces dieron por terminada la exploración. Al regreso, quisieron arreglar algo de la instalación y al perforar la roca el taladro no funcionó.


Al día siguiente, el viernes, estábamos listos para subir Andreas y yo pero la llamada de radio de Alan nos detuvoporque el taladro estaba muerto.Ya estando en el campo base nos contaron los detalles de la exploración y uno de ellos se puso a reparar otro taladro que teníamos.


Para las cinco de la tarde subimos al vivac con máquina arreglada y ánimos renovados pero para nuestra mala suerte nos agarró una buena tormenta que nos empapó por completo. Al menos la recompensa fue disfrutar de un arcoíris por toda la montaña y un hermoso atardecer.

Por la noche se me estaban cerrando los ojos, estaba cansado pero no quería perderme el espectáculo que veía. Dormíamos en el vivac a lado de Tlanexilotl, estábamos acostados en un abrigo rocoso en el fondo de una dolina, rodeados y cubiertos de rocas, el techo a unos 10 metros de nosotros semejaba las fauces de un gran animal y los árboles unos altos y otros bajitos parecían los dientes, nosotros dentro de él tranquilos y resguardados, observábamos la vista bidimensional que nos ofrecía la naturaleza: en total oscuridad sólo podíamos ver, en primer plano, las siluetas de los árboles (todos aparentemente a la misma distancia) y en segundo plano, algunas estrellas que se filtraban entre el follaje y el negro del universo. Rodeados de silencio, la noche devoraba nuestro cansancio que a veces era sacudido por el viento que despeinaba la copa de los árboles. Pero no puede más, cerré los ojos y me fui al mundo de los sueños.


En la mañana fui despertado por el trinar de las aves, unas inquietas otras tímidas, unas lejanas y otros cerca de nosotros. Abrí los ojos y la vista tridimensional volvió a la normalidad, ahora sí los árboles se veían más cerca y otros no tanto. Todas las tonalidades de verde embriagaban mis ojos, rodeados de plantas, arbustos y árboles. La escena de cuento de hadas terminó con el tremor oloroso del mil arrugas y los ronquidos de mi compañero que aún dormía cerca de mí.Nos levantamos a desayunar y a preparar el material porque nos tocaba revisar un pozo a 380 metros de profundidad en Olbastl Tlanexilotl.

Cuando llegamos al punto de exploración, me dediqué a la instalación de la cuerda por el hermoso pozo de 45 metros, los cortes de los estratos bellamente hechos por el agua. Al terminar la instalación mi cordada me alcanzó en el fondo y ahí nos llevamos la sorpresa de tener un meandro de unos 30 cm de ancho por donde un hilo de agua se escurría por el fondo. Con el martillo Andreas rompió algunos picos y se deslizó hacia adentro unos 5 metros para llegar a una restricción aún más estrecha. Los dos tratamos de meternos sin tener éxito. Lo bueno fue que llevábamos cincel y martillo para abrir un poco y así lo hizo Andreas. Después de que limpiar trató de meterse y nuevamente no cupo, al intentarlo yo sí lo logré pero volví a encontrar otra restricción. 

Embriagado de emoción y sin medir las consecuencias de no poder regresar me deslicé al otro lado. Estando ahí, para un lado vi la lejana cara de mi compañero y para el otro un pasaje virgen, sin pensarlo corrí a lo desconocido. Un meandro menos estrecho de 15 metros de largo y un par de desescaladas me llevaron al siguiente obstáculo: un pozo de 10 metros. Como no llevaba el arnés ni cuerda di vuelta y regresé. Al encontrar la restricción me armé de valor e intenté regresar al menos tres veces hasta que a la cuarta lo logré, no sin pujidos y raspones. Tarde y cansados regresamos al vivac.En la mañana del domingo nos comunicamos con el campo base e informamos de lo sucedido para que se alistara el siguiente equipo.

Subieron a la cueva Irina, Javi y Tirado y ese mismo día entraron. Luego nos contaron por radio que, Javi se quedó sólo para hacer el péndulo a la gran ventana que habíamos dejado pendiente en el pozo grande. Y mientras tanto, Irina y Tirado hicieron el mapa del pozo de 45 y del meandro que por cierto sólo pudo pasar Irina ya que Tirado por su tamaño no lo logró. Mientras tanto, Javi se penduleaba a 80 metros de altura y colocaba algunos anclajes armando la travesía pero tuvo que parar porque se le acabó la cuerda. Cuando se reunieron los tres de nuevo comieron un poco y subieron al vivac.

Ese mismo domingo subieron cinco al vivac para acarrear 50 litros de agua, ya que por allá no hay ni gota.

El lunes bajó el grupo de tres y volvieron a subir Alan y Taberner. Toda la mañana estuvo agradablemente soleada pero para las dos de la tarde entró el mal tiempo. A los que subían los mojó y a los que nos quedamos en el campamento nos puso a trabajar ya que la lluvia descubrió las imperfecciones de la cocina y comedor con las goteras que nos molestaban, también aprovechamos para colectar otros 150 litros de agua.

Para el martes siguió el mal tiempo y no salimos. Los dos del vivac llamaron y con muy mala señal entendimos queentraron a la cueva hasta el pozo grande y ahí pararon porque tenía una cascada. Cuando regresaron al vivac pudieron colectarmás agua.

El miércoles el sol volvió a brillar y todos nos pusimos activos. Supusimos que los del vivac entraron a Tlanexilotl y cinco que estábamos en el campo base salimos a prospectar. Tuvimos un buen día ya que encontramos cuatro sótanos. 

Por la nocheestábamos preocupados por Alan y Taberner por no tener noticias de ellos, habían entrado a Tlanexilotl y no habían llamado ¿les habría pasado algo? ¿Algún percance en la cueva? O, ¿simplemente no había conexión entre los radios?
Apesadumbrados nos fuimos a dormir.


El jueves desde las siete de la mañana estábamos pensando en el plan de contingencia.Subirían Pinto y Pessoa para ver qué pasaba. Por suerte a las 8 llamó Alan y nos dijo que todo estaba en orden, que sólo no había comunicación entre los radios. Al mediodía, cuando regresaron al campamento nos contaron que habían querido comunicarse al campo base desde la noche anterior pero no lo lograron, nadie sabe por qué. Después nos contaron las verdaderas malas noticias: terminaron de hacer la travesía en la ventana grande llegando a un pozo de unos 8 metros, lo bajaron y llegaron al fondo lleno de piedras. Lo revisaron y vieron un meandro estrecho, se colaron por él y vieron que conectaba nuevamente a la base del pozo grande.

¡Mierda! Tanto trabajo y tantas esperanzas puestas en esa ventana para que volviera a conectar al mismo pozo. La única continuación que teníamos era la sección con dos estrechos continuos (donde sólo habíamos conseguido pasar Irina y yo) seguido de un meandro y un pozo de 10 metros.


Entonces, por la tarde subió otro equipo: Andreas, Pinto y Pessoa para trabajar en el estrecho y bajar el pozo. Mientras tanto, ese mismo jueves y con las cosas arregladas fuimos al sector de la meseta del Este y tres de nosotros revisamos una de las cuevas encontradas anteriormente. Irina bajó tres pozos, el más grande de 20 metros, el último pozo de 10 metros lo bajó desescalando llegando a un pasaje infranqueable. La cueva término rápidamente.


El viernes por la noche, los que fueron a Tlanexilotl nos contaron vía radio que, después de mucho cincel y martillo ampliaron los pasos estrechos, bajaron el pozo de 10 encontrando otro meandro estrecho y pararon al borde de otro pozo de seis metros. Tarde y cansados dieron vuelta para regresar al vivac.

Con las noticias frescas el sábado temprano subieron Irina, Javi y Tirado para continuar la exploración. Nuevamente vía radio por la noche del sábado nos contaron que bajaron el pozo de seis y en el fondo encontraron otro meandro de unos 3 metros de largo pero está vez era infranqueable. Pero al fondo se veía un pozo de unos 30 metros.Tan cerca y tan lejos. Tan cerca de un pozo y tan lejos de poder continuar la exploración.

El domingo en la mañana subimos nuevamente a prospectar y a revisar algunos pozos en el sector Este. Exploramos un -10 y un -17 pero cerraron. Después nos metimos a la gran hoya de Paisano a revisar algunas cañadas pero hayamos nada. Ese mismo día subió Lorenzo y Taberner al vivac para entrar a Tlanexilotl el lunes.


En la mañana del lunes salimos Marta, Chibebo y yo a revisar una pequeña cuevita donde salía mucho viento cerca del campamento. Chibebo estuvo sacando bastante tierra hasta que creyó que se podía pasar, entonces gritó: –que paaase el sinculo!–. Me deslicé pero los huesos de la cadera no me pasaban y no es que esté muy nalgón: el problema era de huesos y de rocas,no de carne. Antes de salir vi que podía escarbar por otro lado para pasar, así que lo hice y cuando terminé grité:–¡que paaase la culona!–Marta intentó pasar por este nuevo lugar. Lo logró y se deslizó unos tres metros, fue a la izquierda y el meandro cerraba, luego en el piso había unas piedras empotradas que con la pala trató de tirar en un pequeño pozo pero no lo logró. Salió, decepcionados recogimos la plaza y regresamos al campamento. 


En la tarde, subieron Nacho, Pinto y Pessoa al vivac. Por la noche llamaron Lorenzo y Tabernerpara contarnos las noticias de Tlanexilotl: estuvieron arreglando algunos puntos de los pozos y también siguieron desobstruyendo el meandro estrecho sin tener éxito.


En la madrugada del martes nuevamente el mal tiempo llegó a la Sierra y ese día nadie salió por la lluvia que inundaba los caminos, excepto los que estaban en el vivac, ellos tres entraron a la cueva a hacer fotos.

El miércoles salieron cinco del grupo a la cueva TT-80, una cavidad encontrada en 2012 y sin explorar. La bajaron unos pozos y terminó a -50 metros.


El jueves regresaron Pinto, Pessoa y Nacho del vivac, nos contaron que siguieron golpeando el estrecho en el fondo de Tlanexilotl pero no lograron pasar.
Después, en la tarde salieron Alan, Marta y Zape para dar otros golpecitos al paso estrecho.

En la tercera semana de exploración le empujamos a Tlanexilotl 800 metros digo, centímetros, pasó de 417 a 425 metros de profundidad. Fueron varias puntas, muchas horas de trabajo, muchos raspones para sumarle sólo 8 metros de desnivel. Le invertimos muchas horas a esta cueva y no avanzamos mucho.

El viernes, entraron a Tlanexilotl Marta, Zape y Alan hasta el fondo de la cueva para seguir con la ampliación del meandro que nos impedía avanzar. Pegaron unos buenos martillazos. Marta se logró colar por la parte de arriba para ver cómo era el pozo siguiente; era de unos 15 metros pero había que seguir abriendo para que pasaran los otros dos así que siguieron trabajando algunas horas más. Finalmente, cuando los tres pudieron pasar, con algunos pujidos, al pozo tan deseado lo hicieron y para su triste pena vieron que no había camino que seguir, ¡la cueva estaba cerrada! Notaron que el agua y el aire se iba por una grieta miserablemente infranqueable ¿Tlanexilotl moría? Decepcionados y cansados subieron al vivac recogiendo las cuerdas que pudieron. Con la topografía vieron que solo habían bajado 14 míseros metros, el desnivel total de la cuevaera de 439 metros.

Un zumbido se escuchó en el fondo del pozo de 100 metros. Lorenzo estaba colgado a la mitad y poco a poco el sonido fue incrementándose, él nos avisó con un grito que el caudal del agua aumentaba ¡Uy! Estábamos en una crecida. Cuando en la mañana del sábado nos metimos a Tlanexilotl para hacer fotos de la cueva Javi, Chibebo, Lorenzo y yo.Estaba nublado y a veces con chipi-chipi pero no le dimos mucha importancia y aun así decidimos entrar. Nos tocaba hacer la exploración de la última ventana que quedaba pero en lugar de eso cambiamos el plan para documentar la cavidad con fotografías.

Javi, Chibebo y yo estábamos en la cabecera  del pozo de 100 esperando a que Lorenzo terminara de quitar la cuerda cuando nos avisó de la crecida. No hicimos mucho caso ya que todo el camino de Tlanexilotl era bastante seco, excepto en algunas partes en el pozo grande donde llega un afluente (que suponemos viene de otra cueva que no conocemos).

Nuestra preocupación llegó cuando por una grieta vino un chorro de agua, y nos dimos cuenta de que ahora sí nos tocaría baño. Cuando Lorenzo terminó de desarmar y nos juntamos en la cabecera iniciamos el regreso a la superficie. Fui el primero en remontar por la cuerda y el primero en recibir el chorro de agua porque, aunque habíamos armado por fuera del agua descuidamos algunos puntos: una buena regadera en el pozo de 50 mojaba bastante bien. Ni tontos ni perezosos ascendimos lo más rápido que pudimos pero fue inevitable mojarnos. Empapados seguimos subiendo, el siguiente pozo de 20 también tenía regadera. Para cuando llegamos al pozo de 40 afortunadamente ya estaba seco. El choque de adrenalina nos había hecho subir rápido pero también nos había cansado bastante. Reposamos un poco y seguimos ascendiendo hasta salir. Ya juntos en el vivac con ropa seca, cenando y bromeando sobre lo sucedido nos calentamos con la pequeña fogata que habíamos hecho.

El domingo temprano llegaron Nacho y Taberneral vivac para revisar la última ventana que quedaba en la cueva, Lorenzo se unió a ellos y los demás bajamos al campamento base.

El lunes por la mañana nos comunicaron vía radio que, a - 240 hicieron una travesía sobre unos bloques en la cabecera del pozo grande, ahí lo que parecía una escalada complicada resultó una travesía relativamente sencilla de unos 12 metros, lo malo fue que al colocar una plaqueta se volvió a descomponer el taladro y para resolver el problema colocaron un anclaje natural.

Una vez que los tres exploradores estuvieron del otro lado caminaron entre bloques y luego llegaron a un meandro de un metro de ancho que iba hacia abajo hasta que pararon en un pozo de cinco metros que no bajaron pero desde donde veían una ventana grande y oscura. Arrojaron unas piedras que se oían del otro lado, por lo que confirmaron que conectaba al pozo grande. De regreso vieron otro pozo de unos 15 metros pero ya no bajaron. Sin material de instalación para continuar, salieron a la superficie. 


Con estas noticias subieron a la cueva Zape y Alan para revisar esta última incógnita. Al llegar al vivac se encontraron con la sorpresa de que el inagotable Lorenzo volvería entrar a la cueva por tercera vez, ahora con ellos.El lunes al medio día estarían en la punta de exploración. Bajaron el pozo que resultó de 17 metros y totalmente cerrado, dieron una última revisada pero nada. Luego Zape recordó otra ventana en el pozo grande así que volvieron a armarlo. Necesitó hacer varios péndulos y colocar unos 15 anclajes para poder llegar a la ventana. Una vez ahí, vio que tenía 10 metros de alto por dos de ancho, emocionado, arrojó una piedra y para su mala suerte volvía a conectar con el pozo grande. 

El lunes 21 de abril tristes, desilusionados y frustrados dieron por concluida la exploración de la cueva. ¡Tlanexilotl había muerto! No fue una muerte rápida ni sencilla, no terminó en un pozo y desarmamos, ¡no! Jugó con nosotros, nos emocionó, muchas veces parecía que se cerraba, y después de escarbar o escalar salía más camino por explorar y después se volvía a cerrar.Le trabajábamos y volvía a ampliarse hasta que ya no, hasta que murió.

¿Cuántos sueños pusimos en esta cueva? Muchos. ¿Cuánto esfuerzo invertimos? Harto ¿A dónde va el agua y el aire de Tlanexilotl? No lo sabremos. Sólo llegamos a 439 metros de profundidad.


Entre el martes y miércoles se sacaron los anclajes y la cuerda de la cueva.
El tiempo voló ligero y los últimos días de campaña los dedicamos a prospectar y a revisar sótanos que conocíamos de otras campañas, ninguno siguió.

Esta campaña se distinguió por la pluralidad de los compañeros ya que hubo gente de seis países.

Alan y yo agradecemos profundamente la participación de todos y cada uno de los integrantes de la expedición. Cabe mencionar que Franco, uno de los líderes del proyecto no pudo venir con nosotros por cuestiones laborales. Se le extrañó.

 

Integrantes por orden alfabético:

Lorenzo Armas (México)

Marta Candel (España)

Irina Ermakova (Rusia)

Javi García (País Vasco)

Andreas Klocker (Austria)

Miguel Pessoa (Portugal)

Fernando Pinto (Portugal)

Enrique Ogando. Zape (España)

Nacho Rafael (España)

Roberto Rojo (México)

David Taberner (Australia)

David Tirado (México)

Gustavo Vela (México)

Alan Warild (Australia)

 

ENGLISH VERSION

 

Expedición Tlanexilotl 2014 

She stands on the horizon. I move two paces closer, she moves two paces away. I walk ten paces and the horizon runs ten places further away. As much as I walk, I can never reach her. What’s the use of utopia? This is what it’s for: to walk. Eduardo Galeano.

Just how much can you desire something? How much are you willing to fight for it? How long can you wait for a cave? Like a star that awaits the night to shine, like a lover who waits for their loved one, like an explorer who asks what there is beyond. We’ve waited like this for 355 to get our chance to see the bottom of the ‘big pit’ in Olbastl Tlanexilotl (Sótano de las Ventanas). Last year’s expedition stopped 285 metres down at the edge of what looked to be a 100 m drop. Tired, out of rope, and in the last days of the expedition, we went no further and so had to wait the whole year to find out what was below.

After two days of shopping and packing in Tehuacán, seven of us started up into the Sierra Negra to deal with the usual story: the guy we rented the pickup from wanted more money that we’d agreed to, the authorities in Ocotempa wanted ‘economic aid’ (No sir, we are not the government!), the mule drivers wanted more than before or wanted more than what we’d just agreed to and when it came time to pay them, wanted even more (it seemed irrelevant that we were already offering nearly twice the local going rate), the land owner where we camped wanted money (but in the end was happy with used rope). It seemed like this year greed and avarice…err sorry, the needs of the locals, was greater than usual. It’s sad that many of them see us more as an easy money supply than as people.

After three hard days of shopping, travel, negotiations and chasing permissions we found a little bit of calm and on Friday built our base camp in the usual place as in past years: at 2300 m in a forest that is slowly but surely being devoured by timber cutting. We installed the kitchen, eating area, toilet and our solar plant: most important with our need for modernity even stronger than ever, be it for charging caving lights, batteries for drills, the music player of the phone, or perhaps the radios, the Disto or the Palm, in the end, all our toys, umm, equipment necessary for cave exploration.

With everything ready, on the Saturday, five of us climbed to the Tlanexilotl entrance with loads of equipment to mount a simple bivouac. Sounds easy, only three or four hours in the blazing sun to cover six kilometres over a lapiaz where all the rocks move or break, and if that’s not enough, many of the plants have sharp spikes. Still, nobody said that exploring an interesting cave in this place was going to be easy.

For this first ‘acclimatisation’ walk we took about ten kilos each. We also built a water collection system as there isn’t a drop of this precious liquid on the surface up high, and before returning we checked the radios, which of course worked perfectly during test.

By Sunday we were ready to go, but the mountain had other ideas. Bad weather slipped in at dawn and nobody went anywhere. At least we got a full load of water in the bivouac and another 150 litres in base camp as well as replenishing the tiny soak that is our base camp water supply.

By Monday we were back to sunshine with six of us going to the bivvie. David Taberner and Al rerigged last year’s rope’s that we’d left out of the water for the year, while the rest did a gear carry and returned to base camp.

Next day we tried to communicate with those in the bivouac but couldn’t make contact, so Andreas and I started up anyway to continue with the rerig. We met along the way and Al told us they he and David had rigged to 285 metres and had got out at three am and the big pit was waiting and ready to go. A feeling of euphoria tinged with a little fear sneaked in. What cave explorer wouldn’t be excited by 100 metres of darkness and space?

355 days waiting to see what was down there and at last the day had come. Andreas and I started down: a 40 m pit to a window and the light diminished. A 10 m pit, a traverse and another window and the perpetual darkness enveloped us. A 30 m drop, a crawl, a 25 m pit, another window and we were at the narrow part.

Two short drops to the first restriction, then some downclimbs and we’re at the first really tight part. Clip on to the rope and slide through the restriction. I tell Andreas to make sure he is clipped in really well because the squeeze opens on to the top of a 40 m pitch. We get through with a bit of effort, hang from the rope on the other side, and continue on down.

A few more pitches and we’re at the 50. At the bottom we wiggle through the second squeeze and are at the top of the ‘big pit’. We get ready to rig with Andreas at the top as I begin to rig down. I drop 40 metres as I rig to the three anchors from last year to reach the final topo point. I rig a double anchor and drop another six metres, put in another anchor and get a 40 m free drop. I slide down very carefully with a combination of fascination and excitement. 30 m down I see a large window, but as it’s a long way off I keep descending to the bottom of the pit.

Once down, I called ‘rope free’ to my companion so that he could start down. I began to look for the way on, climbing down three metres or so where the water went, but it became too tight so I looked further and found a meander and another three metre climb to a six metre drop that I had no rope for.

After a while I realised that Andres still hadn’t arrived, so returned to the bottom of the big pit and called him again. He answered, but due to poor acoustics and the distance I couldn’t understand what he said, so I started back up. Once at the tope he told me that he didn’t realise that the rope was free, so didn’t come down. Tired and cold, we decided that the surface would be a nicer place to be. Once in the bivouac with dry clothes and dinner we were happy that we didn’t have to walk three hours to base camp.

Next morning we made radio connection with base camp to let everyone know how we’d done and with that Irena, David Tirado and Jabi prepared to ascend to continue exploration. We passed on the way, swapped information and each group continued on its way.

Thursday morning the group up top told us over the radio that they’d had a hard day: The topo showed the ‘big pit’ to be 100 m and in total had mapped 99 m vertical so that the cave was nearly 400 m deep. They stopped in a tight meander and had no time to visit the window.

By 8 am, Al, David Taberner and Chibebo were on their way to continue exploration. When they got to the bottom they too couldn’t get through the narrow meander and it appeared way to long to consider widening, so they began to revise everything on the way up. Fortunately, three pitches up, Al found a window that went. The others arrived and they installed a traverse and got to a ~40 m pit. Al got half way down, but ran out of rope. When they tried to adjust the rigging, the drill wouldn’t run.

Next day, Friday, Andreas and I were once again ready to go but a radio call saying that the drill was broken stalled our plans. Once back at base camp they set to repairing the drill.

We started up in the afternoon with a fixed drill and renewed enthusiasm that was quickly dampened by the storm that soaked us along the way. At least we got the minor compensation of a rainbow over the entire mountain and a beautiful sunset.

That night I was tired and wanted to sleep, but couldn’t because I didn’t want to miss the show before me. We were in the bivouac cave beside Tlanexilotl, laying back in a rocky overhang in a doline, surrounded and covered by rock. The roof, some ten metres away looked like the mouth of some giant animal, and the trees, some tall and others short were the teeth with us safely inside. In the darkness, we had a strange two-dimensional view of the world. In the foreground the silhouettes of the trees (that all appeared to be the same distance away), in the background, the stars that filtered through the foliage and the immense blackness to the universe. Surrounded by silence, the night devoured our tiredness that was occasionally shaken by the sound of the wind ruffling the trees above. But I could stay awake no longer a drifted into the world of dreams.

In the morning I was awoken by the birds singing, some loud, others timid, some close to me, others farther off. I opened my eyes and the three dimensional view returned to normal. Now the trees did in fact appear close, and others not so close. All the colours of green filled my vision, surrounds by plants, bushes and trees. The scene from a dream ended abruptly with the mal-odorous farts and snoring of my still sleeping companion. We ate breakfast and prepared our gear as it was our turn at the lead and we had an undescended pitch at 380 to look at in Olbastl Tlanexilotl.

Once there, I took to rigging this beautiful 45 m shaft with its strata cut cleanly through by the action of the water. The rope fitted nicely, but once at the bottom we were disappointed to find a 30 cm wide meander with a thin thread of water in the bottom. Andreas made short work of a few sharp spikes and slipped on in for some five metres until he hit an even narrower section. We both gave it a try, but without success. Fortunately we had the hammer and chisel, so could ‘improve’ things a little. Even so, he still couldn’t get through, but when I tried, I made it, only to hit another restriction.

Excited by the emotion of new cave and without measuring the consequences of being unable to return, I slipped through to the other side. Once there, I could see the distant face of my companion, in the other direction, virgin passage. Without thinking further, I was off into the unknown. A not so tight meander 15 m long, a couple of downclimbs took me to the next obstacle: a ten metre drop. As I was no longer wearing a harness, or had a rope, I had to return. Once at the restriction, I summed up courage and gave it a go. I failed three times, but got through on the fourth attempt, not without plenty of grunting and scraping though. Late and tired, we returned to the bivouac. In the morning we radioed in our findings so the next group could prepare.

The same day Irina, David Tirado and Jabi ascended and went straight into the cave. Jabi started work on reaching the window I had seen earlier in the big pit. Meanwhile, Irina and David mapped the 45 m pitch to the squeeze that only Irina could fit through. By now, Jabi had put in a pendulum 80 m up and started rigging down the wall, but ran out of rope, so the three returned to camp. The same day five people did a water carry up to the bivouac. After a week of good weather we were running dry.

Next day the group of three descended and between showers, Al and David Taberner moved up to the bivouac just in time to catch a good downpour and collect more water in an hour than the five had carried up the day before. Back at base camp, the rain was finding imperfections in our roofing, but at least we collected a lot of water.

Next day was really rainy, so nobody left base. The two in the bivvie however took advantage of a brief break in the weather to slip into the cave, only to find a torrent pouring down the big pit and the rest of the cave a little more ‘interesting’ than normal.

A day later, the sun was again shining so five in base did some prospecting and found four sótanos, while Al and David went down Tlanexilotl.

That evening there was no radio call from the bivouac and people in base started to become concerned. Had something gone wrong? Or was it a simple matter of radio failure?

Next morning those in base camp were thinking up contingency plans and Pinto and Pessoa were ready to start to see what had happened when at 8 am, Al called in. Nothing was amiss, the radios just didn’t make contact. The real bad news was that they’d done the traverse into the big window and found that it only led to an eight metre drop that connected via a meander to the base of the big pit.

¡Mierda! So much work and so much hope put into that window and the best it could do was connect back. Even worse, the best hope was now a ten metre pitch down a tight meander that so far only two people could fit through.

So, that same afternoon Pinto, Pessoa and Andreas moved up to work on the squeezes and the ten metre pitch. At the same time a group from base took a look at an area of the meseta off to the east. Irina descended three pits, the biggest being 20 m and the last climbable, only to end in tight passage.

Late the next evening we heard from them that with a lot of hammer and chisel work they managed to widen out three squeezes and got down the ten metre drop, only to be stopped by another six metre pit.

With the fresh news the Irina, David Tirado, Jabi team once again went up to work on squeezes. By Saturday evening they were telling us at base that they’d got down the six metre drop and at its base, found an even tighter, longer, impassable meander, but below they could see a 30 m pit. So near and yet so far. So near to the pit, so far from being able to explore it.

Sunday saw a team out east again prospecting shafts, but only got 10 m and 17 m holes. The same afternoon, David Taberner and Lorenzo moved up to the bivvie planning to enter Tlanexilotl the next morning.

Marta, Chibebo and I decided to check out a small cave near camp that had a strong wind. Chibebo dug out a lot of dirt until he believed that it might be possible to get through so he shouted: “send in the arseless”. I slipped in but my hips wouldn’t fit. It’s not that I have a big arse. The problem was with bones and rock, not flesh. Before exiting though, I noticed that it was also possible to widen out the other side, so I did, then called out: “send in the fat arse!” Marta tried, and successfully passed this new route, went three whole metres and turned into an impossible meander. We left disillusioned, collected our shovel and went home.

That evening Pinto, Pessoa and Nacho moved up to the bivouac. David and Lorenzo tidied up some rigging, but with a once again sick drill, didn’t get any further in the meander.

Next morning, the weekly rain came in and nobody went anywhere except those in the bivvy who popped in to Tlanexilotl to try some photos.

On Wednesday a group of five from base camp took a look at some caves found some years ago and got a 50 m pit and a scare with a very big boulder for their trouble.

Pinto, Pessoa y Nacho put a lot of work into the meander but still couldn’t get though. Later that day, Al, Marta and Zape went up to the bivouac hoping to give the meander a good bash the next day.

In this third week of exploration we’d managed to push Tlanexilotl all of 800 cm and got it all the way from 417 m to 425 m deep. A lot of push trips, many hours of work and a lot of scrapes to add eight metres. So much work going in but not a lot of results.

Friday now, and Marta, Zape and Al went in to try and enlarge the meander that was stopping us. Marta wiggled through the high part that nobody had really tried but it still took a lot of effort to get the other two through, where they rigged the ‘30 m’ pitch to find it to be 15 m with no way on at the bottom. Just a super-tight meander with air sucking into it. Was Tlanexilotl dead? The topo showed that they’d only dropped 14 miserable metres. Disillusioned and tired, they returned to the surface, derigging and hauling back the bottom ropes as they went.

A hum somewhere down the 100 m pitch. Lorenzo was hanging half way up and little by little, the sound was increasing. Aiiii! A flood. When Chibebo, Lorenzo, Jabi and I had entered for a photo trip it was cloudy with occasional drizzle, but we didn’t think much of it and went anyway – besides water makes for better photos and we couldn’t look at that one last window with all this water around.

Lorenzo was the last up, removing anchors as he went. We didn’t expect any problem with water above the 100 m pit as  most of Tlanexilotl was either dry or rigged well away from water, except perhaps for a few spots…

Our concern increased however when a gush of water suddenly burst from a ‘dry’ crevice. We realised that it was time for a cold bath. By the time Lorenzo had cleaned up the 100 m pitch it was flowing well. There was a good sprinkler going down the 50 that soaked us pretty well. Not stupid or slow, we got going as fast as we could, but it was inevitable that we’d be soaked. Sopping wet we continued upwards. The 20 above also gave us a good drenching, but when we got to the 40, we were pleased that it was so far from the water that we got up dry – or at least, no wetter. The burst of adrenalin that had got us going really well was taking its toll and now we felt tired and drained. Comfortable and warm in the bivouac we joked about it all as we warmed ourselves by the fire.

Nacho and David Taberner were next up to try that last window at the top of the 100. Lorenzo, who had taken residence in the bivvie was there to join them.

They managed the traverse across the blocks quite easily but problems with the drill (again!) restricted their capability. Still, they got across and found a pit that really needed bolts, and, quite surprisingly for the top of such a pit, a series of meanders with an incoming stream. One hole failed the rock-drop test as the rocks re-appeared in the main shaft, but there still remained one 15 m shaft.

On the basis of this Al and Zape moved up for one last look. Lorenzo changed his mind about returning to base and went with them down the cave for the third day in a row. The undescended pit turned out to be 17 m deep and completely blind while the one in the meander also connected to the main shaft. Only one last ‘last’ window left. Zape had spotted it on his way up the 100 m shaft. The only problem was that it was 40 m down. A quick evaluation (having come this far, we can’t leave with just one question mark haunting us), and Zape was swinging about whacking in 15 anchors and penduluming under the water to reach what was indeed a parallel shaft about as far from the main route down as was possible. Unfortunately, once he reached it, it appeared to close down, and just to make sure, rocks dropped down it bounced out into the main shaft.

By Monday, April 21, sad, a little disillusioned and entirely frustrated we finally decided that Tlanexilotl was dead, at only 439 m. It wasn’t a quick or simple death. No simple pitch to nothing, derig and leave. No, it played with us, almost closing several times but offering a hope, offering a window or an alternative.

How many dreams did we invest in this cave? – Plenty! How much effort did we put in? Lots! Where does the air go? Where does the water go? No idea!

Over the next few days we removed the rope and anchors from the cave prospected some more, but nothing went.

This year we had cavers from more countries than ever: six in total.

Al and I would like to thank everyone for coming and putting in such a strong effort. We should also mention Franco, one of the project leaders, who because of work, couldn’t come.
 

Expedition members in alphabetic order:

Lorenzo Armas (México)

Marta Candel (España)

Irina Ermakova (Russia)

Javi García (País Vasco)

Andreas Klocker (Austria)

Miguel Pessoa (Portugal)

Fernando Pinto (Portugal)

Enrique Ogando. Zape (España)

Nacho Rafael (España)

Roberto Rojo (México)

David Taberner (Australia)

David Tirado (México)

Gustavo Vela (México)

Alan Warild (Australia)

 

 

 

 

 
 

 

 

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